Lo contrario

Yo tenía quince años y nunca me habían roto el corazón. Tampoco había estado nunca enamorada, o eso creía hasta que un día él mencionó su nombre. Helena, y así me la imaginaba yo, pura belleza mediterránea, poco que ver con la pálida rubia que no tardó en presentarme.

Hace mucho que dejé de tener quince años y todavía se me mueve algo en el estómago al pensar en ella, pero lo que me es imposible olvidar es la sensación al oír aquel nombre por primera vez, como se me heló el corazón y se saltó un latido.
No sé cuántas veces habré vuelto a sentirlo. Soy de gatillo fácil, qué le vamos a hacer, bromeando siempre digo que me enamoro cada cinco minutos, y no deja de ser una de esas bromas que guardan algo de verdad. 
Desde que tenía quince años he perdido latidos por culpa de novias de toda la vida, de pocas semanas, viajes inminentes a 2140 km y hasta mujer e hijos. Casi nunca fueron graves y casi siempre fueron obvios. Y aunque por ello intentara convencerme de que no estaba enamorada nunca pude evitar ese salto en mi pecho.
Esta vez me había convencido de que lo estaba. Ya incluso lo había aceptado, pasara lo que pasase.Y sin embargo aquí estoy, con muchas preguntas pero con todos los latidos en el contador. Graciosa la vida como siempre. Hay veces que te rompe el corazón alguien de quien no creías estar enamorada y otras que todo lo contrario.

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