Unexpected plot twist.

A veces me pregunto si tú también te acordarás de mí. Si te cruzas con gente en el tren que se me parece, si escuchas esa canción y piensas en que fui yo quien te la enseñó, o si cuando buscas entre los contactos del Whatsapp te paras al leer mi nombre y abres una conversación que se quedará vacía sólo para ver si he cambiado la foto de perfil.
A veces me pregunto si no me estaré olvidando yo. No de ti, de eso ya te encargas tú apareciendo en los momentos justos para dar otro inesperado giro de guión. Pero hasta eso se diluye con el tiempo, los buenos viejos tiempos ya no parecen tan buenos, la rabia que te dediqué ya ha perdido sus razones y los giros inesperados se han vuelto menos sorprendentes.
A veces me acuerdo de ti viendo un partido, y porque sé que irías con los Heat no tengo claro si prefiero que ganen los Nets, yo que siempre he sido de los Spurs.
Algunas veces me alegro de que te hayas ido desvaneciendo, de la tranquilidad sin sobresaltos y la ausencia de peleas antes de ir a la cama, de lo fácil que es vivir sin tener que descifrarnos y la libertad de no esperar, nada, a nadie. Y otras espero encontrarme con el rastro imperceptible que sabes que inevitablemente descubriré, porque no hay historias sin giros inesperados y dios sabe cuándo fue la última vez que estuve tranquila.

posted under | 6 Comments

A class of our own, my love

Si hace dos meses alguien me hubiese preguntado a qué grupo rescataría yo de la inactividad para una gira y lo que surja, hubiese dicho que The Libertines, por encima de The Smiths, The White Stripes, y, mal que le pese a mi hermano, por encima de Oasis.
Porque hace dos meses, una de mis espinitas musicales es que yo había llegado tarde para haber vivido el esplendor del post punk revival, los guerrilla gigs, y en definitiva la época de un grupo que terminó antes de que yo fuera consciente de su existencia. 
Por eso cuando empezaron los rumores de una posible reunión se me mezclaron sentimientos porque sabía que sería lejos y yo me iba a tener que contentar con verlo en youtube. Y cuando leí la posibilidad de que además de Londres, acabaran en Benicàssim, no quería creérmelo para no llevarme una decepción. Y por eso también, en el momento que vi que era verdad, ahogué un grito y empecé a temblar con una sonrisa de oreja a oreja. Porque hace dos meses The Libertines eran sólo recuerdos y dos discos de hace una década, y ahora...

Quiero contaros por qué me gustan tanto pero no sé cómo empezar. ¿Por qué le gustan a todo el mundo los macarrones? ¿Es difícil, no? Pues eso.
La primera canción de the libs que yo escuché conscientemente fue Time for heroes, y aún me da alegría escuchar el solo del final. Me encanta la energía que me contagian sus canciones, que me ha hecho bailar por la habitación innumerables veces, y remontar, o sólo subir más alto otras; la relación de Pete Doherty y Carl Bârat, rollito gayer incluido, y hasta un poco la locura de cómo degeneró todo hasta el caos mas surrealista.
Y me apasiona la sensación de autenticidad que me transmiten las letras, como si todo fuera real, y ahora mismo pocas letras consideraría más perfectas que 
"Is it cruel or kind not to speak my mind / and to lie to you, rather than hurt you?  /  Well, I'll confess all of my sins after several large gins, / but still I'll hide from you, /   hide what's inside from you" 
(¿Es cruel o amable no decir lo que pienso y mentirte, antes que hacerte daño? Bueno, confesaré todos mis pecados después de varias ginebras y aún te ocultaré, te ocultaré lo que está dentro)
y no muy lejos de ella
"If you lost your faith in love and music / the end won't be long / because if it's gone for you I too may lose it / and that would be wrong" 
(Si has perdido la fe en el amor y la música el final no estará lejos, porque si se ha ido para ti yo también podría perderla, y eso estaría mal)
que me cuesta horrores cantar sin seguir con
"You know I've tried so hard to keep myself from falling / back into my bad old ways / and it chars my heart to always hear you calling / calling for the good old days" 
(Sabes que me he esforzado para evitar caer otra vez en mis viejas malas costumbres, y me parte el corazón oírte siempre nombrar los buenos viejos tiempos)
Y puede que sea por eso por lo que me creo tanto a The Libertines, porque se me hace muy fácil relacionarlas con la historia de Pete y Carl, como su relación se fue deteriorando por el aislamiento hacia las drogas, la resistencia que se opone a separarse de alguien a quien tienes un cariño inmenso aunque no puedas soportarlo aquí y ahora. 
"Have we enough to keep it together? / Or do we just keep on pretending / and hope our luck is never ending now" 
(¿Tenemos lo suficiente para mantenerlo junto? O sólo seguimos fingiendo y confiamos en que nuestra suerte no se acabe esta vez).
Y a la vez que puedo (o creo) ver todo lo que pasó entre ellos, puedo ver reflejadas cuestiones que simplemente te plantea la vida. Y así es cómo para mí, What became of the Likely Lads? es una canción sobre todas aquellas cosas que quise hacer un día, o los aspectos de la persona que en algún momento quise ser, y que por un motivo u otro ahora no sé muy bien dónde encontrar.
"What became of the Likely Lads? / What became of the dreams we had? / What became of forever? / What became of forever? /We'll never know!"


Me dice el Sub que él no soporta a Doherty y le dan ganas de abofetearlo fuerte. A mí lo que me pasa es que cada vez que lo veo en un plano corto me da penica y la sensación de que podían usar su cara en una campaña para enseñar lo mala que es la droga.
Y aún así, y siendo yo una chica muy sana, estoy casi segura de que los dos discos que tanto me gustan no hubiesen nacido sin la contribución de las drogas, y por eso cuando yo me planteaba a qué grupo rescataría de la inactividad para una gira y lo que surja, me surgía otra dilema: por si no lo habéis notado hasta ahora, a mí me encantan The Libertines y estoy encantada de que vuelvan a reunirse, pero por otro lado no sé muy bien hasta qué punto puedo querer algo, si sé que en algún modo eso puede estar destrozando la vida de alguien.
De momento Pete y Carl vienen al FIB, y hasta entonces yo le estaré pidiendo a Dior que a nadie le de un chungo por sobredosis antes.


posted under | 7 Comments

Noticias

Este mediodía he llegado muy enfadada a casa, pensando que hoy sí, hoy escribía esa entrada sobre feminismo que llevo rumiando meses. 
Hoy estaba guerrera y quería dejar claro que si algún día alguien se atreve a discutir "flojito" conmigo porque soy mujer, sentirá ese genio que dice mi madre que tengo, muy alto y muy de cerca.
Pero entonces he visto esto, que me da más rabia.


Porque que un niño tenga una enfermedad grave siempre será algo que a mí me parece terriblemente injusto, y puedo imaginarme que como padre, lo que más quieres es que tu hijo esté bien aunque sabes que no lo está, quieres que tenga todos los cuidados posibles y que sea feliz, y poder darle los medios para que consiga todo eso, y aún así estoy segura de que todo lo que yo me imagine se queda muy corto en comparación con lo que realmente pasan esos padres.
Por eso me imagino también la rabia que tiene que dar ver como tu niño no tiene esos medios, y que las personas que podrían hacer algo para solucionarlo, que deberían hacer algo para solucionarlo, no sólo te ignoran, sino que se niegan a escucharte.
Y no sé cuál me da más miedo, o asco, o pena, si el que se va diciendo que "ni le importa, ni le interesa", o las que dicen que "lo entienden". Porque no sé qué están haciendo si lo entienden, en lugar de intentar arreglarlo, de mostrarles respeto y apoyo a las familias. Porque permitir recortes en sanidad, y luego decir que "lo entiendes" mientras te vas para no escuchar lo que los afectados tienen que decir me parece horrible, irresponsable y de no tener vergüenza, me parece que es tomar decisiones de las que luego no quieres ver las consecuencias ni hacerte cargo de ellas, y eso no puede ser cuando tu trabajo consiste en tomar decisiones. 

Pero igual me estoy confundiendo y lo que me parte el corazón al ver a ese hombre llorando en la puerta son los estrógenos.

posted under | 3 Comments

Edad de veteranos

Para ser justos, la primera persona a la que conocí en la Resi fue Viti. 
Viti era un personaje peculiar. A las dos semanas de estar allí todo el mundo conocía pero nadie sabía a ciencia cierta de dónde había salido, o cuánto llevaba allí, o qué estudiaba, si es que estudiaba, ni siquiera cuál era su verdadero nombre. Lo que sabíamos es que tenía dos dones: el de la omnipresencia y el de la oportunidad, porque no importa a dónde fueras, dentro o fuera de la uni, cuando menos te lo esperabas, aparecía él.
Así, en una de estas, decía, lo conocí el primer día. Yo acababa de subir de despedirme de mis padres en lo que creía el mayor punto de inflexión de mi vida, buscando la llave que acababa de recibir, cuando me sorprendió por la espalda un "¡Uhhh, mira, una novatilla!" en un tono cantarín que dudo pueda olvidar algún día, y tras una conversación de diez minutos comprobé que le había contado mi vida a un veterano del que yo no había conseguido averiguar su nombre.

Viti fue pues, la primera persona a la que conocí, pero Andrea fue la primera amiga que hice en la Resi, con la que di una vuelta estúpida de autobús el segundo día  por coger la línea 10A y no 10B, con la que quedaba para bajar a la tele, y a la que acudía siempre que necesitaba contarle a alguien lo desastre que soy, y lo mal que me organizo, y la cantidad infame de tiempo que pierdo en tonterías como por ejemplo contarle a alguien lo desastre que soy y lo mal que me organizo.
Lo que pasa es que la distancia a veces te separa, y a veces no hacen falta más de un par de kilómetros, así que hacía unos siete meses que no veía a Andrea. Y el día que por fin hablé con ella yo venía de enterarme de una de esas noticias que sientan como un bofetón en frío.
Andrea va a tener un bebé, dentro de una semana, y cuando me enteré entré en shock, porque era el tercer sopapo que me llegaba esa semana sin saber de dónde, porque justo esa mañana me había planteado seriamente no tener hijos nunca, porque últimamente estoy de un tempus fugit que no me aguanto y porque va a tener UN JODIDO BEBÉ.
Y con él me pasa un poco como con Viti, que no sé de dónde ha salido ni qué pretende, pero ya le tengo un poquito de cariño.



posted under | 2 Comments

A saviour to rise from the street

Cuando conocí a Laia ella ya salía con Montes. 

La primera vez que lo vi fue en una pachanga de basket con los de clase y recuerdo que pensé que Laia no había sido tonta eligiendo. Dos horas más tarde, cuando dejamos de hacer bulto y el ridículo en la cancha, mi opinión sobre él incluía que era un poco "flipao".
Hay un tipo de novio de amiga al que por mucho tiempo vital que pases con ella no ves casi nunca, así que pasaron semanas hasta que volvimos a coincidir. Laia se había sacado el carnet hacía dos meses pero nunca cogía el coche, y aquella vez lo hizo para llevarnos a todas a su maravillosa casa de pueblo. Montes apareció el domingo, justo antes de que emprendiéramos la vuelta a casa con una cantidad de equipaje que no hacía sospechar que sólo habíamos pasado dos días allí.
Después de cargar y repartirnos, nos pusimos en marcha. El Land-Rover de la madre de Laia, ella y Montes delante, otra amiga y yo atrás. Dos días después me enteré de que en aquel trayecto aquella amiga también había declarado a Montes non grato
La situación empezó con un stop en el borde de una cuesta, un acelerón, otro, y el coche que se negaba a ir en un sentido que no fuera el que la gravedad le inducía. En aquel momento él pronunció un discursito sobre par motor que a mí me recordaba a los que me daba mi profesor de autoescuela y que tanto me hubiese gustado celebrar con un comentario sarcástico de no haber sido por el pastizal que valían las clases prácticas.
El Land-Rover salió, pero Laia ya estaba todo lo nerviosa que estás cuando conduces un coche que le queda demasiado grande a tu reluciente L verde, con amigos dentro, por una carretera secundaria llena de curvas. Y con cada una de esas curvas, del asiento del copiloto salía un suspiro exagerado, un comentario pedante, instrucciones acerca de como trazarla, e incluso una mano que agarraba el volante.
Yo ya no sabía como encajar aquello, sobretodo porque Laia es una de esas chicas capaces de llevar unos leggins de leopardo bien, que te den ganas de comprártelos tú también, y estaba aguantando todo aquello sin el más mínimo signo de indignación o protesta. Me acuerdo que pensé que la dinámica de aquella relación debía de ser muy diferente a cualquier cosa que yo hubiera imaginado, porque la idea que más se repitió en mi cabeza durante aquel viaje fue que para reñirme por mis errores de novata ya tenía a mi padre y no necesitaba un novio.
Me alegró en cierto modo ver que Clara también calificaba aquel viaje de insoportable y no era exclusivamente cosa mía, porque a día de hoy tengo dos cosas claras: la primera es que cada vez tolero menos la estupidez, y la segunda, es que me molesta mucho, mucho, que alguien a quien no le he pedido opinión me diga cómo tengo que ocuparme de mis problemas.
Señores, mi mierda es mía, y me gusta pensar que si me he metido en ella soy perfectamente capaz de salir, así que o saltas dentro y te pones a cavar, o cierras la bocabuzón y te alejas antes de que te muerda.
Y esto es algo que tengo tan asumido que no tengo claro si es raro, o asocial, o suena al ermitaño borde en el que quizá algún día me convertiré, pero realmente aspiro en mi vida a no necesitar que nadie me salve, ser lo suficientemente independiente para sacarme las castañas del fuego yo sola, y si alguien viene a rescatarme, que sea porque yo lo he elegido.

posted under | 4 Comments

La semana

Hay veces en las que simplemente quieres algo con todas tus fuerzas. Que hayas llegado a esa situación puede haber sido cuestión de horas o de meses, quizás ni siquiera te acuerdes de como empezó.
Yo quería ir al FIB. Me mataban las ganas sólo de pensar lo que tenía que ser aquello, y lo asombrosamente bien que se presentaba el asunto para mí, de esas oportunidades que como mucho tres o cuatro.
Así que hice lo posible por conseguirlo, y a pesar de toda la estrategia diseñada para evitar conflictos, al final fue inevitable librar una batalla de silencios, octavas de más, verdades arrojadizas y surrealismo puro de la que después de tres días estaba segura había salido razonablemente victoriosa.
Esos tres días habían sido de lo más interesante, y según mis expectativas quedaba todo lo mejor por llegar, la aventura apenas había empezado.
Lo diré ahora, las expectativas traicionan. Te hacen desear algo tan profundamente que cuando por fin lo tienes, si no alcanza el nivel exacto de lo que sea que estuvieras esperando te frustras, y te preguntas si realmente ha merecido la pena pelear por ello.
O por lo menos eso es lo que yo sentí al hacer balance el viernes por la mañana de lo que había sido el primer día de festival: vodka caliente en el parking y media hora de un dj regulero antes de que un cordón de seguratas naranja fosforito nos mandara para casa indecentemente pronto era todo lo que podía recordar mientras leía sobre lo que decían que era "El Concierto" del Fib 2013. Por supuesto hubo más cosas aquella noche, pero una mezcla de rabia y desilusión me impedía rescatar de mi memoria algo que no fuera decepcionante.
Ahora puedo recuperar otra situación en la que quizá debería haberme dado cuenta de que algo fallaba allí. Hubo un momento en el que mientras buscábamos un sitio donde ir, ya por fin dentro del recinto, pasamos por delante de una haima cuyo interior apenas se veía porque diez metros a la redonda se concentraba una de esas english crowds que poblaban el lugar cantando todos a coro el Don't look back in anger de Oasis. Yo me desperté de golpe justo a tiempo para cantarle a Sally que se podía esperar, y también justo a tiempo para girarme y ver que mi grupo pasaba de largo murmurando que no sabían cuál era.
Así que la cosa estaba entre plantarse o seguir adelante, y ¡qué demonios, hemos venido a jugar! 
Pero la cosa llevaba el mismo camino que el día anterior, sólo que ahora teníamos hielo y pajitas hasta que un SMS (sí, un SMS) hizo que dejara aquel círculo del parking y entrara al recinto de camino a mi primer concierto del maravillas, el escenario grande que ocupaban entonces Beady Eye, y después de rodear a unos cuantos indios y un papa y convencer a un chico de mantener en alto un plátano inflable durante más de cinco minutos, conseguí encontrar a mi querida roomie y sus simpáticos amigos y les conté what-was-my-story,-morning-glory en el que creo ha sido uno de los momentos de sinceridad más grandes de mi vida.
Y ahí empezo el Fib de la música para mí, y han pasado dos meses pero podría contároslo con todo tipo de detalles que espero que no se me olviden nunca. Aquella noche además de los restos de Oasis, me comí una de Primal Scream con un Bobby Gillespie brillante y colocadísimo, y un inesperado pero increible set de Zane Lowe, al que además fui con mis chicas, las que no sabían quien era Sally y a las que terminé liando dos días más tarde para ir a ver como Jake Bugg arrasaba casi sin despeinarse mientras se ponía el sol, en el mismo sitio y a la misma hora que el día antes había comprobado que Miles Kane gana mucho en directo pero sigue estando lejos de sus amigos Arctic Monkeys a los que ayudó a cerrar un concierto increíble que sin duda era el que con más ansia esperaba, pero que quedó desbancado como mejor concierto del festival por culpa de The Killers, que empezaron con Mr Brightside y después de hora y media de pura energía acabaron con puñeteros fuegos artificiales, y así no hay quien pueda. Y entre medias un disfraz de plátano de origen incierto, fotos con un cocodrilo, un caballo y una budweiser rellena de inglés, Pringles gratis, muchas, más de las que nadie en su sano juicio debería habernos dejado coger por mucha maniobra de publicidad que sea, DJ's y grupos de electrónica con pelos de todos los colores, multitudes que tararean a con toda su alma riffs de guitarra, el descubrimiento de Woodkid, risas, muchas risas, amigos, los que ya eran y los que llegaron, y ya por fin, el agotamiento que sólo podíamos vencer con la adrenalina que nos quedaba al recorrer por última vez este año el camino de vuelta a casa, con una inmensa luna llena de fondo que ya sólo podía reflejar la luz del sol que hacía rato que estaba presente.
Y después un autobús, doce horas de sueño y la determinación de que si oportunidades como ésta, tres o cuatro, yo no quiero leerlas en una crónica.



(Por si habéis sido capaces de no buscarlo, os dejo algo aquí. A mí Woodkid me suena un poco a semana santa, a batalla épica, y a más de las 2am, y encima tiene una puesta en escena alucinante. Con esta canción intentaron cerrar, y digo intentaron porque el artíficice del invento tuvo que volver a salir al escenario ante un público que no dejaba de tararear ese trocito de melodía a partir del 2:45, pero vamos, que a juzgar por los saltos que daba no parecía muy disgustado)

posted under | 0 Comments

Otra más

Cuando decidí abrir mi primer blog lo hice porque tenía una historia que contar. Una historia o una estupidez, como queráis llamarlo, sobre un bote de champú y la costumbre de cantar en la ducha.

Yo nunca tuve un diario pero sí tenía una libreta, de las grandes y de espiral, y un disquete donde metía todos los proyectos que al final nunca fueron.
Pero con la tontería de la ducha había algo diferente, la idea de hacer algo así me rondaba y definitivamente, ésta no era una de esas cosas que escribes porque necesitas sacártelo de dentro para poder seguir conviviendo con tu propia existencia, simplemente era algo que me parecía gracioso hasta el punto de que podía hacer reír a otra gente, pero dentro de esa otra gente no contaba a mis amigos, mi familia o cualquier otra persona conocida a cien kilómetros a la redonda. ¿Les habría hecho gracia a ellos?  Quiero pensar que por lo menos a un par sí, pero no era esa la cuestión, simplemente yo no quería que personas que me conocían vieran eso de mí.
Y aquí estoy, años, entradas y mucho silencio después de aquello y tanto aquél como este blog fueron perdiendo fuelle, pero sobre todo, que conforme las publicaciones se iban espaciando, más metaentradas aparecían. 
Explico esto: una vez tuve un profe de lengua maravilloso que nos leyó Continuidad de los parques de Cortázar, explicándonos que aquello era algo que podía llamarse metaliteratura, literatura dentro de la literatura. Yo le voy a robar la idea para bautizar a todas esos posts a lo largo de cinco años que dediqué a explicar por qué estaba escribiendo esa entrada, por qué no la había escrito antes o por qué era esa y no otras.
De esos cinco años el último ha sido en blanco, por lo menos aquí y de cara al público, el disquete de antes ha pasado a ser una carpeta de borradores que nunca llegaron a estar terminados. Y ahora me siento un poco como con aquel bote de champú, quiero volver a contarle cosas a alguien, aunque puede que por motivos distintos. 
Puede que ahora si que sea un caso de convivir con mi propia existencia. Vuelvo a explicar: 
Yo sé que una de las cosas que cambió el ritmo fue que pasé de publicar para alguien a publicar para alguien a quien conocía y cuya opinión me importaba. Los cien kilómetros a la redonda se habían extendido y lo hacían todo más difícil para mí. Como cuando un día no puedes posponerlo más y tienes que aceptar a tu madre en Facebook, puedes cambiar tu vida o dejar que la realidad siga su curso y correr el riesgo de no volver a probar la mejor tortilla de patata del mundo.
Pues yo he llegado a un punto en el que quiero que me importe un poco menos la tortilla de patata, y la manera que se me ha ocurrido de conseguirlo es que si quiero contar algo lo contaré, da igual quien lo vaya a oír, da igual lo que vaya a pensar, porque sea lo que sea seré yo, lo que a mí me apetecía en ese momento.
Lo demás ya lo habéis oído antes. Soy inconstante y puede que esto no pase de aquí, igual pasa y no lo escucha nadie, pero una entrada publicada supone que alguien puede leerla, y a partir de ahí ya se verá.

posted under | 1 Comments
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio

Lee y descúbrelo ;)

(puedes empezar aquí)

    Mis fans nº1


Recent Comments