Recopilando

Pues bien, ¿no? Normal...

Eso es lo que pensé, tan despistada como siempre, al ver que otra vez se había abierto la veda de los vídeos y declaraciones ñoñas, y facebook me lo recordaba con un insolente "¿Quieres ver cómo ha sido tu año?" (Lo he vivido yo, Mark Zuckerberg, no hace falta que vengas tú a contarme cómo ha sido)

Pero después de asumir con mi tranquilidad habitual que 2015 había sido un año mediocre y ya, recopilé, y empecé a sospechar que no, que igual este año había sido más bien un año de mierda (*propósito para 2016: dejar de hablar como un camionero ruso)

Creo recordar que ya el día 1 pasó por mi cabeza el comentario "Bueno, pues la parte positiva de una nochevieja tan bluff es que esto sólo puede ir a mejor..." Pero no exactamente. 

2015 empezó arrastrando todo lo malo que nos había dejado 2014, y antes de que terminase el invierno, gente a la que quiero se fue a vivir lejos y otros no tuvieron que irse, porque ya estaban, pero los eché de menos igual. Aunque echar de menos en 2015 tiene un nombre, alguien que desde febrero nunca va a dejar de faltarme. Marzo me trajo un pack con todas mis inseguridades y algún que otro fantasma, y calculo que para primavera ya había tocado fondo, el fondo más profundo al que he llegado en mi vida y que me hizo plantearme cosas en las que nunca deberíais pararos a pensar, y también que una mala racha de 3 meses puede que sea algo más que una racha.
Antes de que empezara el verano llegó la angustia de no saber seguir, de sentirme tan pequeña para haberme hecho mayor y pensar que lo de ser adulta me venía grande. Y para cuando conseguí apaciguar esos sentimientos, llegó agosto cargado de desidia y de aburrimiento, en el verano más olvidable de mi vida.
El otoño trajo sorpresas para no quedarse atrás, en concreto una sorpresa con forma de visitas al médico y sus correspondientes viajes en tren, culminando todo con una lustrosa cicatriz que me río yo de Freddy Krueger. 

2015 me ha hecho llorar, mucho, y casi nunca de la risa. Pero ha habido veces que sí. Este también será el año en el que aprendí a mantener amistades a miles de kilómetros, en el que me convertí en algo así como una seal de los becarios comemarrones, en el que viví la historia más bonita y conocí a personas maravillosas con las que compartí 532 horas, en el que volví a estar cerca de amigos a los que adoro y reaparecieron otros a los que daba por perdidos, en el que fui a tres festivales y estuve dos veces en Barcelona (y si hubiese una ciudad que pudiese disputarle el título de la ciudad más bonita de España a Teruel, sería Barcelona), y en el que aprendí mucho, aunque fuera a base de desilusiones. Y ahora tengo una cicatriz que nunca me va a fallar para empezar conversación. 
Pero éstas son las cosas que aparecerían en mi vídeo de facebook si lo usara.

Pórtate bien, 2016

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Secretamente inminente

Una vez cuando era pequeña, muy pequeña, mi abuela materna me regaló un joyero. Todavía lo tengo, es grande y de madera, con cuatro cajones y una puerta de cristal con flores grabadas.
Cuando era pequeña y mi abuela me regaló ese joyero dentro encontré un sobrecito blanco de plástico que asumí contenía azúcar porque qué otra cosa podía haber en un sobrecito blanco de plástico. Así que lo abrí y me llevé uno de los granitos transparentes a la boca, pensando que el azúcar de aquel sobre era muy raro porque no sabía dulce. Como el contenido no cumplía las propiedades alimentarias que yo le había otorgado en un primer momento, pasé a restregarlo por encima de la mesa.
A día de hoy todavía no tengo muy claro para qué sirve la gel sílica*, pero en aquel momento descubrí que si te frotabas las manos con ella se te quedaban muy suaves, y no dudé en ir a contárselo a mi madre. Ella me llevó inmediatamente a lavarme las manos, me explicó que aquello era veneno, y recogió todas las bolitas que quedaban esparcidas por encima de la mesa. También insistió preguntándome si había hecho algo más con ellas, a lo que inexplicablemente yo respondí que no.
Pero yo había oído alto y claro a mi madre: veneno. 
Así que a pesar de todas las veces que escupí y me enjuagué en el lavabo antes de levantar sospechas, yo tenía la certeza de que aquellas dos bolitas, o tres, qué sé yo, con las que había comprobado que aquello no era azúcar iban a matarme. Yo, una niña pequeña iba a morir ese mismo día por no haber sabido que "no ingerir" significaba lo mismo que "no comer", iba a dejar a mis padres algo así como huérfanos pero al revés. Tenía además el convencimiento de que iba a morirme por la noche, mientras todos estuviesen durmiendo el veneno haría su efecto y no podría avisar a nadie, y me encontrarían por la mañana y nadie sabría lo que había pasado.
Obviamente no me morí.
Sigo siendo igual de tremendista y a veces me acuesto pensando que al día siguiente me encontrarán muerta, pero ahora sé que descubrirán la causa porque he visto CSI.
No os lo recomiendo, crea mucho estrés.
Ver CSI no, lo de pensar que vas a morir.
Estrés e insomnio.


*Ahora ya sí, bendita wikipedia

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Juliol

Dicen por ahí que septiembre es el lunes de los meses. Yo estoy muy de acuerdo con esa afirmación, no porque no me guste septiembre, sino porque convierte a agosto en el domingo. 
No me gustan los domingos, en mi vida suponen despedidas o desidia infinita, la asunción forzosa de que no he podido hacer todo lo que quería ese fin de semana, las prisas por hacer pronto y mal lo que es realmente urgente aun siendo un día de supuesta fiesta. Con agosto me pasa lo mismo, duermo mal, todo el mundo se ha ido de vacaciones, me aburro y tengo la sensación constante de que otro verano está a punto de escaparse mientras yo pierdo el tiempo haciendo nada. 
Tampoco es decir mucho, yo ese sentimiento de que el verano se está acabando lo tengo más o menos desde San Juan, con la consciencia de que el día ya está acortando y las horas de noche van a ir ganando terreno imparablemente condenando shorts y tirantes a vivir en el fondo del armario con su avance. Este año además salí a celebrar San Juan teniendo que madrugar al día siguiente. Este año además agosto está siendo más insoportable que de costumbre, tanto que en 10 días ya he deseado un par de veces que se acabe del todo, llegue septiembre, y yo vuelva a tener un objetivo en la vida.
Agosto se está pasando de esa manera traicionera en la que el tiempo va muy lento y a la vez muy rápido (¿ya es 10 de agosto?), y parte de la culpa la tiene julio, por haber sido el mes más completo en mucho tiempo, por no haberme dado un respiro de esos de los que prescindo orgullosamente alegando que aún soy joven, pero que agradezco muy secretamente de vez en cuando.
Julio empezó con un final, con despedidas, la incertidumbre de si estaba haciendo lo correcto, y la tranquilidad después de que todo había terminado de la manera que tenía que terminar. Tampoco es que tuviera mucho tiempo para pensar en ello porque julio me tenía preparadas muchas otras cosas que aunque escriba aquí, serán demasiado vagas como para que alguien que no sea yo las entienda. Julio me ha hecho soñar y sentir, y pertenecer, ilusionarme y querer.
Cómo odio el puto agosto.

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Lo contrario

Yo tenía quince años y nunca me habían roto el corazón. Tampoco había estado nunca enamorada, o eso creía hasta que un día él mencionó su nombre. Helena, y así me la imaginaba yo, pura belleza mediterránea, poco que ver con la pálida rubia que no tardó en presentarme.

Hace mucho que dejé de tener quince años y todavía se me mueve algo en el estómago al pensar en ella, pero lo que me es imposible olvidar es la sensación al oír aquel nombre por primera vez, como se me heló el corazón y se saltó un latido.
No sé cuántas veces habré vuelto a sentirlo. Soy de gatillo fácil, qué le vamos a hacer, bromeando siempre digo que me enamoro cada cinco minutos, y no deja de ser una de esas bromas que guardan algo de verdad. 
Desde que tenía quince años he perdido latidos por culpa de novias de toda la vida, de pocas semanas, viajes inminentes a 2140 km y hasta mujer e hijos. Casi nunca fueron graves y casi siempre fueron obvios. Y aunque por ello intentara convencerme de que no estaba enamorada nunca pude evitar ese salto en mi pecho.
Esta vez me había convencido de que lo estaba. Ya incluso lo había aceptado, pasara lo que pasase.Y sin embargo aquí estoy, con muchas preguntas pero con todos los latidos en el contador. Graciosa la vida como siempre. Hay veces que te rompe el corazón alguien de quien no creías estar enamorada y otras que todo lo contrario.

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Poeta rima con bragueta

Hay una entrada que quiero escribir desde hace mucho tiempo pero para la que cuando tengo tiempo no tengo ganas y viceversa.
Hasta hoy.
Hace unos días tuve una experiencia escalofriantemente reveladora y decidí que esto no podía esperar más.

Es cosa recurrente en mí, que en momentos de estrés y/o ansiedad mi mente empiece a tararear la misma canción en bucle durante... quién sabe, hasta que se acabe el agobio supongo. Así es como me pasé toda la selectividad entre Copenhague y Un día en el mundo de Vetusta Morla, y así es como la semana pasada no podía sacarme de la cabeza Reptilia de The Strokes. La repetía una y otra vez por trozos, las guitarras de la intro, el primer verso, el "Please don't slow me down if I'm going too fast", el riff del pre-chorus, el estribillo... Y ahí es donde en una de estas me paré y dije, tengo que escribir  esa entrada.

Pero ese no fue el suceso detonante, no, no. Como todas las demás veces estaba demasiado ocupada para encontrar el momento. 
El verdadero desencadenante tuvo lugar el viernes, en una cena. Resultó que entre los conocidos comunes de los asistentes, había uno que se dedica a la música: productor, multinstrumentista, y por supuesto, artista de covers y temas propios en youtube, y le había compuesto uno de los últimos a su novia... la oferta era demasiado tentadora teniendo wifi y un portátil a mano, y ahí sí, ese fue el momento en el que además de asegurarme a mí misma que si alguien perpetraba algo así en mi honor lo dejaba en ese instante y me replanteaba mi vida, me dije, TENGO QUE ESCRIBIR ESA ENTRADA.

Y es que, por si el título no os lo hacía sospechar, la presente disquisición trata sobre las rimas, más concretamente las rimas de mierda.
Y el himno al amor en cuestión contenía el verso "nos presentó mi madre, qué fuerte", además de un despliegue de clichés de todos los tamaños y colores y rimas de infinitivos de la primera conjugación que darían para una tesis en sí mismas. Pero no daré más detalles, en parte por el miedo a que alguien busque la canción, le guste y por obra y gracia de internet se convierta en un hit, porque para mí, el premio a verso romántico mierder de la radiofórmula sólo tiene un dueño, y ese es Dani Martín con el "Te quiero más, que este tiempo atrás" Pura poesía, puro sentimiento, pura magia esa inexactitud, esa imprecisión del cuánto: más, más que qué: que este tiempo atrás, para caer rendida a sus pies, oye.

Pero la facilidad del verso perezoso no era el tema, no en su totalidad al menos, el objeto de estudio de hoy son las rimas fáciles, y todo aquel que se haya puesto a escribir poesía en algún momento de su vida y sea un poco avispado ha caído en la cuenta de un hallazgo maravilloso: cualquier palabra rima consigo misma. Y aquí os traigo mis ejemplos favoritos de este desarrollado arte:
"En tu cocina
tan prisionera de tu casa en la cocina"
Ahí estaban Andy y Lucas, dejando claro que a aquella pobre chica el sitio que le había tocado ocupar en la vida era la cocina, y ya de paso, quitándose una rima de medio.
"Tú dices blanco, yo digo negro 
Tú dices voy, yo digo vengo 
Miro la vida en color y tú en blanco y negro"
Siendo justos, por lo menos Malú tuvo la decencia de dejar un verso entre medias, pero aunque digan que para gustos los colores, perder la oportunidad de rimar negro con negro no era la opción fácil.
"No hay marcha en Nueva York 
y los jamones son de York"
¿En serio creíais que os ibais a escapar de Mecano?...

Pero no todo es orgullo patrio en este tema, nada más lejos de la verdad, siendo el inglés un idioma con reglas de pronunciación tan distendidas que lo mismo puedes rimar 'but' con 'up' que con 'cat', la autorima sigue siendo demasiado atractiva. Voy a ahorrarme poner ejemplos de 'you' con 'you' porque no hay tiempo en el mundo suficiente, pero sabed que ni los mejores se escapan, y si no que se lo digan al Boss.
"Don't turn me home again,
I just can't face myself alone again"
Y para cerrar el círculo en cierto modo, vuelvo al principio, allí donde The Strokes se las apañaron para rimar en un mismo estribillo tres veces 'over' y dos 'enough'... maravilloso.
"Yeah, the night's not over
You're not trying hard enough,
Our lives are changing lanes
You ran me off the road,
The wait is over
I'm now taking over,
You're no longer laughing

I'm not drowning fast enough"






Mención de honor: Lo siento, pero he escrito arriba que esta era una entrada sobre rimas de mierda, y como tal, no puedo dejar pasar la ocasión de demostrar mi más profunda admiración, respeto y ganas de darle un beso así apretao, por su incomesurable valor y lucha contra el sistema, al genio que una mañana se levantó y tuvo la suficiente confianza en su persona como para cantarle al mundo "Carglass cambia, Carglass repara"

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Otoño y otras cosas

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Buen viaje, mis peludos amigos.

La culpa la tiene Jordi Cruz. Estoy más que segura de que dejó secuelas a toda una generación de niños que veían Art Attack todos los sábados por la mañana. En mí concretamente, todos esos años de manualidades televisadas llegaron a desarrollar una querencia irrefrenable por guardar "todo aquello que pudiese valer para algo". Espero que se aprecie la gravedad del asunto, porque semejante definición lo abarca absolutamente todo, y como decía, el responsable de todo es Jordi Cruz, que se pasaba la vida creando maravillas ultracoloridas utilizando ese tubo del rollo de papel de cocina, o el gancho de aquella percha rota, o las tapas de esa libreta gastada... en definitiva, todas aquellas cosas que en el momento clave en que a mi me urgía construir un dragón chino de cartón para colgarlo del techo, en mi casa habían ido directamente a la basura sin plantearse siquiera la cuestión que tenían el tamaño exacto de las alas de una criatura mitológica en miniatura.
El caso es que mi dedicación a guardar cualquier tipo de basura que se cruzase en mi camino nunca llegó a dar sus frutos, siempre que tuve el material necesario para una manualidad, lo que faltaba era la cola blanca para hacer el dichoso mejunje.
Pero mi diógenes siguió su evolución... y encontró un filón. Y es que resulta que yo soy una nostálgica de libro, del tipo que con catorce años tenía que frenarme a mí misma porque me daba cuenta de que otra vez estaba hablando de los buenos viejos tiempos. 
Como puede intuirse, los resultados de tal combinación fueron... por poner un ejemplo, yo tengo las entradas de cuando fui a L'Oceanogràfic en tercero de primaria y he guardado en un cajón un palito de polo todavía con restos de chocolate durante cuatro años por el hecho de que la tarde que me lo comí fue una buena tarde. Y aquí es donde entra en juego el tercer ingrediente de esa combinación fatal: mi memoria. Tengo demasiada memoria, cualquier otra persona se encontraría hoy con un palito chocolateado de hace cuatro años, pensaría "¿Quién ha metido esta mierda aquí?" y lo tiraría, fin de la historia; yo no, yo me acuerdo perfectamente de por qué lo guardé, dónde estaba y con quién cuando me lo comí, y de qué sabor era el jodido polo.
En la última semana he tenido que hacer sitio a más de media carrera de apuntes y tres años de vida fuera de casa, y God knows que no ha sido fácil tirar todo lo que he tirado. Hoy para terminar sólo quedaba hacer limpieza de peluches, de todos los que se han ido acumulando en cumpleaños y navidades, y que un día hace años cubrían mi cama. Se quedan Rocky, Amoroso, Lola y Skip, se van todos los demás, incluido el oso más suave que haya tocado nunca y que por eso sería injusto que me quedara yo porque ya nunca voy a dormir con él. 
Pienso en eso, en que seguramente haya un niño por ahí que en nada tendrá un oso nuevo y vivirán una infancia juntos y se me pasan las dudas de si sacarlos de la bolsa y devolverlos a la estantería, y al mismo tiempo me aterroriza de una forma poco racional que antes de llegar a su nuevo dueño vayan a lavarlo con un suavizante barato y pierda toda su dulzura. Y se me nublan las diferencias con la niña de la cama llena de peluches, aun a pesar de tres años de carrera.

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Unexpected plot twist.

A veces me pregunto si tú también te acordarás de mí. Si te cruzas con gente en el tren que se me parece, si escuchas esa canción y piensas en que fui yo quien te la enseñó, o si cuando buscas entre los contactos del Whatsapp te paras al leer mi nombre y abres una conversación que se quedará vacía sólo para ver si he cambiado la foto de perfil.
A veces me pregunto si no me estaré olvidando yo. No de ti, de eso ya te encargas tú apareciendo en los momentos justos para dar otro inesperado giro de guión. Pero hasta eso se diluye con el tiempo, los buenos viejos tiempos ya no parecen tan buenos, la rabia que te dediqué ya ha perdido sus razones y los giros inesperados se han vuelto menos sorprendentes.
A veces me acuerdo de ti viendo un partido, y porque sé que irías con los Heat no tengo claro si prefiero que ganen los Nets, yo que siempre he sido de los Spurs.
Algunas veces me alegro de que te hayas ido desvaneciendo, de la tranquilidad sin sobresaltos y la ausencia de peleas antes de ir a la cama, de lo fácil que es vivir sin tener que descifrarnos y la libertad de no esperar, nada, a nadie. Y otras espero encontrarme con el rastro imperceptible que sabes que inevitablemente descubriré, porque no hay historias sin giros inesperados y dios sabe cuándo fue la última vez que estuve tranquila.

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A class of our own, my love

Si hace dos meses alguien me hubiese preguntado a qué grupo rescataría yo de la inactividad para una gira y lo que surja, hubiese dicho que The Libertines, por encima de The Smiths, The White Stripes, y, mal que le pese a mi hermano, por encima de Oasis.
Porque hace dos meses, una de mis espinitas musicales es que yo había llegado tarde para haber vivido el esplendor del post punk revival, los guerrilla gigs, y en definitiva la época de un grupo que terminó antes de que yo fuera consciente de su existencia. 
Por eso cuando empezaron los rumores de una posible reunión se me mezclaron sentimientos porque sabía que sería lejos y yo me iba a tener que contentar con verlo en youtube. Y cuando leí la posibilidad de que además de Londres, acabaran en Benicàssim, no quería creérmelo para no llevarme una decepción. Y por eso también, en el momento que vi que era verdad, ahogué un grito y empecé a temblar con una sonrisa de oreja a oreja. Porque hace dos meses The Libertines eran sólo recuerdos y dos discos de hace una década, y ahora...

Quiero contaros por qué me gustan tanto pero no sé cómo empezar. ¿Por qué le gustan a todo el mundo los macarrones? ¿Es difícil, no? Pues eso.
La primera canción de the libs que yo escuché conscientemente fue Time for heroes, y aún me da alegría escuchar el solo del final. Me encanta la energía que me contagian sus canciones, que me ha hecho bailar por la habitación innumerables veces, y remontar, o sólo subir más alto otras; la relación de Pete Doherty y Carl Bârat, rollito gayer incluido, y hasta un poco la locura de cómo degeneró todo hasta el caos mas surrealista.
Y me apasiona la sensación de autenticidad que me transmiten las letras, como si todo fuera real, y ahora mismo pocas letras consideraría más perfectas que 
"Is it cruel or kind not to speak my mind / and to lie to you, rather than hurt you?  /  Well, I'll confess all of my sins after several large gins, / but still I'll hide from you, /   hide what's inside from you" 
(¿Es cruel o amable no decir lo que pienso y mentirte, antes que hacerte daño? Bueno, confesaré todos mis pecados después de varias ginebras y aún te ocultaré, te ocultaré lo que está dentro)
y no muy lejos de ella
"If you lost your faith in love and music / the end won't be long / because if it's gone for you I too may lose it / and that would be wrong" 
(Si has perdido la fe en el amor y la música el final no estará lejos, porque si se ha ido para ti yo también podría perderla, y eso estaría mal)
que me cuesta horrores cantar sin seguir con
"You know I've tried so hard to keep myself from falling / back into my bad old ways / and it chars my heart to always hear you calling / calling for the good old days" 
(Sabes que me he esforzado para evitar caer otra vez en mis viejas malas costumbres, y me parte el corazón oírte siempre nombrar los buenos viejos tiempos)
Y puede que sea por eso por lo que me creo tanto a The Libertines, porque se me hace muy fácil relacionarlas con la historia de Pete y Carl, como su relación se fue deteriorando por el aislamiento hacia las drogas, la resistencia que se opone a separarse de alguien a quien tienes un cariño inmenso aunque no puedas soportarlo aquí y ahora. 
"Have we enough to keep it together? / Or do we just keep on pretending / and hope our luck is never ending now" 
(¿Tenemos lo suficiente para mantenerlo junto? O sólo seguimos fingiendo y confiamos en que nuestra suerte no se acabe esta vez).
Y a la vez que puedo (o creo) ver todo lo que pasó entre ellos, puedo ver reflejadas cuestiones que simplemente te plantea la vida. Y así es cómo para mí, What became of the Likely Lads? es una canción sobre todas aquellas cosas que quise hacer un día, o los aspectos de la persona que en algún momento quise ser, y que por un motivo u otro ahora no sé muy bien dónde encontrar.
"What became of the Likely Lads? / What became of the dreams we had? / What became of forever? / What became of forever? /We'll never know!"


Me dice el Sub que él no soporta a Doherty y le dan ganas de abofetearlo fuerte. A mí lo que me pasa es que cada vez que lo veo en un plano corto me da penica y la sensación de que podían usar su cara en una campaña para enseñar lo mala que es la droga.
Y aún así, y siendo yo una chica muy sana, estoy casi segura de que los dos discos que tanto me gustan no hubiesen nacido sin la contribución de las drogas, y por eso cuando yo me planteaba a qué grupo rescataría de la inactividad para una gira y lo que surja, me surgía otra dilema: por si no lo habéis notado hasta ahora, a mí me encantan The Libertines y estoy encantada de que vuelvan a reunirse, pero por otro lado no sé muy bien hasta qué punto puedo querer algo, si sé que en algún modo eso puede estar destrozando la vida de alguien.
De momento Pete y Carl vienen al FIB, y hasta entonces yo le estaré pidiendo a Dior que a nadie le de un chungo por sobredosis antes.


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Noticias

Este mediodía he llegado muy enfadada a casa, pensando que hoy sí, hoy escribía esa entrada sobre feminismo que llevo rumiando meses. 
Hoy estaba guerrera y quería dejar claro que si algún día alguien se atreve a discutir "flojito" conmigo porque soy mujer, sentirá ese genio que dice mi madre que tengo, muy alto y muy de cerca.
Pero entonces he visto esto, que me da más rabia.


Porque que un niño tenga una enfermedad grave siempre será algo que a mí me parece terriblemente injusto, y puedo imaginarme que como padre, lo que más quieres es que tu hijo esté bien aunque sabes que no lo está, quieres que tenga todos los cuidados posibles y que sea feliz, y poder darle los medios para que consiga todo eso, y aún así estoy segura de que todo lo que yo me imagine se queda muy corto en comparación con lo que realmente pasan esos padres.
Por eso me imagino también la rabia que tiene que dar ver como tu niño no tiene esos medios, y que las personas que podrían hacer algo para solucionarlo, que deberían hacer algo para solucionarlo, no sólo te ignoran, sino que se niegan a escucharte.
Y no sé cuál me da más miedo, o asco, o pena, si el que se va diciendo que "ni le importa, ni le interesa", o las que dicen que "lo entienden". Porque no sé qué están haciendo si lo entienden, en lugar de intentar arreglarlo, de mostrarles respeto y apoyo a las familias. Porque permitir recortes en sanidad, y luego decir que "lo entiendes" mientras te vas para no escuchar lo que los afectados tienen que decir me parece horrible, irresponsable y de no tener vergüenza, me parece que es tomar decisiones de las que luego no quieres ver las consecuencias ni hacerte cargo de ellas, y eso no puede ser cuando tu trabajo consiste en tomar decisiones. 

Pero igual me estoy confundiendo y lo que me parte el corazón al ver a ese hombre llorando en la puerta son los estrógenos.

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Edad de veteranos

Para ser justos, la primera persona a la que conocí en la Resi fue Viti. 
Viti era un personaje peculiar. A las dos semanas de estar allí todo el mundo conocía pero nadie sabía a ciencia cierta de dónde había salido, o cuánto llevaba allí, o qué estudiaba, si es que estudiaba, ni siquiera cuál era su verdadero nombre. Lo que sabíamos es que tenía dos dones: el de la omnipresencia y el de la oportunidad, porque no importa a dónde fueras, dentro o fuera de la uni, cuando menos te lo esperabas, aparecía él.
Así, en una de estas, decía, lo conocí el primer día. Yo acababa de subir de despedirme de mis padres en lo que creía el mayor punto de inflexión de mi vida, buscando la llave que acababa de recibir, cuando me sorprendió por la espalda un "¡Uhhh, mira, una novatilla!" en un tono cantarín que dudo pueda olvidar algún día, y tras una conversación de diez minutos comprobé que le había contado mi vida a un veterano del que yo no había conseguido averiguar su nombre.

Viti fue pues, la primera persona a la que conocí, pero Andrea fue la primera amiga que hice en la Resi, con la que di una vuelta estúpida de autobús el segundo día  por coger la línea 10A y no 10B, con la que quedaba para bajar a la tele, y a la que acudía siempre que necesitaba contarle a alguien lo desastre que soy, y lo mal que me organizo, y la cantidad infame de tiempo que pierdo en tonterías como por ejemplo contarle a alguien lo desastre que soy y lo mal que me organizo.
Lo que pasa es que la distancia a veces te separa, y a veces no hacen falta más de un par de kilómetros, así que hacía unos siete meses que no veía a Andrea. Y el día que por fin hablé con ella yo venía de enterarme de una de esas noticias que sientan como un bofetón en frío.
Andrea va a tener un bebé, dentro de una semana, y cuando me enteré entré en shock, porque era el tercer sopapo que me llegaba esa semana sin saber de dónde, porque justo esa mañana me había planteado seriamente no tener hijos nunca, porque últimamente estoy de un tempus fugit que no me aguanto y porque va a tener UN JODIDO BEBÉ.
Y con él me pasa un poco como con Viti, que no sé de dónde ha salido ni qué pretende, pero ya le tengo un poquito de cariño.



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A saviour to rise from the street

Cuando conocí a Laia ella ya salía con Montes. 

La primera vez que lo vi fue en una pachanga de basket con los de clase y recuerdo que pensé que Laia no había sido tonta eligiendo. Dos horas más tarde, cuando dejamos de hacer bulto y el ridículo en la cancha, mi opinión sobre él incluía que era un poco "flipao".
Hay un tipo de novio de amiga al que por mucho tiempo vital que pases con ella no ves casi nunca, así que pasaron semanas hasta que volvimos a coincidir. Laia se había sacado el carnet hacía dos meses pero nunca cogía el coche, y aquella vez lo hizo para llevarnos a todas a su maravillosa casa de pueblo. Montes apareció el domingo, justo antes de que emprendiéramos la vuelta a casa con una cantidad de equipaje que no hacía sospechar que sólo habíamos pasado dos días allí.
Después de cargar y repartirnos, nos pusimos en marcha. El Land-Rover de la madre de Laia, ella y Montes delante, otra amiga y yo atrás. Dos días después me enteré de que en aquel trayecto aquella amiga también había declarado a Montes non grato
La situación empezó con un stop en el borde de una cuesta, un acelerón, otro, y el coche que se negaba a ir en un sentido que no fuera el que la gravedad le inducía. En aquel momento él pronunció un discursito sobre par motor que a mí me recordaba a los que me daba mi profesor de autoescuela y que tanto me hubiese gustado celebrar con un comentario sarcástico de no haber sido por el pastizal que valían las clases prácticas.
El Land-Rover salió, pero Laia ya estaba todo lo nerviosa que estás cuando conduces un coche que le queda demasiado grande a tu reluciente L verde, con amigos dentro, por una carretera secundaria llena de curvas. Y con cada una de esas curvas, del asiento del copiloto salía un suspiro exagerado, un comentario pedante, instrucciones acerca de como trazarla, e incluso una mano que agarraba el volante.
Yo ya no sabía como encajar aquello, sobretodo porque Laia es una de esas chicas capaces de llevar unos leggins de leopardo bien, que te den ganas de comprártelos tú también, y estaba aguantando todo aquello sin el más mínimo signo de indignación o protesta. Me acuerdo que pensé que la dinámica de aquella relación debía de ser muy diferente a cualquier cosa que yo hubiera imaginado, porque la idea que más se repitió en mi cabeza durante aquel viaje fue que para reñirme por mis errores de novata ya tenía a mi padre y no necesitaba un novio.
Me alegró en cierto modo ver que Clara también calificaba aquel viaje de insoportable y no era exclusivamente cosa mía, porque a día de hoy tengo dos cosas claras: la primera es que cada vez tolero menos la estupidez, y la segunda, es que me molesta mucho, mucho, que alguien a quien no le he pedido opinión me diga cómo tengo que ocuparme de mis problemas.
Señores, mi mierda es mía, y me gusta pensar que si me he metido en ella soy perfectamente capaz de salir, así que o saltas dentro y te pones a cavar, o cierras la bocabuzón y te alejas antes de que te muerda.
Y esto es algo que tengo tan asumido que no tengo claro si es raro, o asocial, o suena al ermitaño borde en el que quizá algún día me convertiré, pero realmente aspiro en mi vida a no necesitar que nadie me salve, ser lo suficientemente independiente para sacarme las castañas del fuego yo sola, y si alguien viene a rescatarme, que sea porque yo lo he elegido.

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La semana

Hay veces en las que simplemente quieres algo con todas tus fuerzas. Que hayas llegado a esa situación puede haber sido cuestión de horas o de meses, quizás ni siquiera te acuerdes de como empezó.
Yo quería ir al FIB. Me mataban las ganas sólo de pensar lo que tenía que ser aquello, y lo asombrosamente bien que se presentaba el asunto para mí, de esas oportunidades que como mucho tres o cuatro.
Así que hice lo posible por conseguirlo, y a pesar de toda la estrategia diseñada para evitar conflictos, al final fue inevitable librar una batalla de silencios, octavas de más, verdades arrojadizas y surrealismo puro de la que después de tres días estaba segura había salido razonablemente victoriosa.
Esos tres días habían sido de lo más interesante, y según mis expectativas quedaba todo lo mejor por llegar, la aventura apenas había empezado.
Lo diré ahora, las expectativas traicionan. Te hacen desear algo tan profundamente que cuando por fin lo tienes, si no alcanza el nivel exacto de lo que sea que estuvieras esperando te frustras, y te preguntas si realmente ha merecido la pena pelear por ello.
O por lo menos eso es lo que yo sentí al hacer balance el viernes por la mañana de lo que había sido el primer día de festival: vodka caliente en el parking y media hora de un dj regulero antes de que un cordón de seguratas naranja fosforito nos mandara para casa indecentemente pronto era todo lo que podía recordar mientras leía sobre lo que decían que era "El Concierto" del Fib 2013. Por supuesto hubo más cosas aquella noche, pero una mezcla de rabia y desilusión me impedía rescatar de mi memoria algo que no fuera decepcionante.
Ahora puedo recuperar otra situación en la que quizá debería haberme dado cuenta de que algo fallaba allí. Hubo un momento en el que mientras buscábamos un sitio donde ir, ya por fin dentro del recinto, pasamos por delante de una haima cuyo interior apenas se veía porque diez metros a la redonda se concentraba una de esas english crowds que poblaban el lugar cantando todos a coro el Don't look back in anger de Oasis. Yo me desperté de golpe justo a tiempo para cantarle a Sally que se podía esperar, y también justo a tiempo para girarme y ver que mi grupo pasaba de largo murmurando que no sabían cuál era.
Así que la cosa estaba entre plantarse o seguir adelante, y ¡qué demonios, hemos venido a jugar! 
Pero la cosa llevaba el mismo camino que el día anterior, sólo que ahora teníamos hielo y pajitas hasta que un SMS (sí, un SMS) hizo que dejara aquel círculo del parking y entrara al recinto de camino a mi primer concierto del maravillas, el escenario grande que ocupaban entonces Beady Eye, y después de rodear a unos cuantos indios y un papa y convencer a un chico de mantener en alto un plátano inflable durante más de cinco minutos, conseguí encontrar a mi querida roomie y sus simpáticos amigos y les conté what-was-my-story,-morning-glory en el que creo ha sido uno de los momentos de sinceridad más grandes de mi vida.
Y ahí empezo el Fib de la música para mí, y han pasado dos meses pero podría contároslo con todo tipo de detalles que espero que no se me olviden nunca. Aquella noche además de los restos de Oasis, me comí una de Primal Scream con un Bobby Gillespie brillante y colocadísimo, y un inesperado pero increible set de Zane Lowe, al que además fui con mis chicas, las que no sabían quien era Sally y a las que terminé liando dos días más tarde para ir a ver como Jake Bugg arrasaba casi sin despeinarse mientras se ponía el sol, en el mismo sitio y a la misma hora que el día antes había comprobado que Miles Kane gana mucho en directo pero sigue estando lejos de sus amigos Arctic Monkeys a los que ayudó a cerrar un concierto increíble que sin duda era el que con más ansia esperaba, pero que quedó desbancado como mejor concierto del festival por culpa de The Killers, que empezaron con Mr Brightside y después de hora y media de pura energía acabaron con puñeteros fuegos artificiales, y así no hay quien pueda. Y entre medias un disfraz de plátano de origen incierto, fotos con un cocodrilo, un caballo y una budweiser rellena de inglés, Pringles gratis, muchas, más de las que nadie en su sano juicio debería habernos dejado coger por mucha maniobra de publicidad que sea, DJ's y grupos de electrónica con pelos de todos los colores, multitudes que tararean a con toda su alma riffs de guitarra, el descubrimiento de Woodkid, risas, muchas risas, amigos, los que ya eran y los que llegaron, y ya por fin, el agotamiento que sólo podíamos vencer con la adrenalina que nos quedaba al recorrer por última vez este año el camino de vuelta a casa, con una inmensa luna llena de fondo que ya sólo podía reflejar la luz del sol que hacía rato que estaba presente.
Y después un autobús, doce horas de sueño y la determinación de que si oportunidades como ésta, tres o cuatro, yo no quiero leerlas en una crónica.



(Por si habéis sido capaces de no buscarlo, os dejo algo aquí. A mí Woodkid me suena un poco a semana santa, a batalla épica, y a más de las 2am, y encima tiene una puesta en escena alucinante. Con esta canción intentaron cerrar, y digo intentaron porque el artíficice del invento tuvo que volver a salir al escenario ante un público que no dejaba de tararear ese trocito de melodía a partir del 2:45, pero vamos, que a juzgar por los saltos que daba no parecía muy disgustado)

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Otra más

Cuando decidí abrir mi primer blog lo hice porque tenía una historia que contar. Una historia o una estupidez, como queráis llamarlo, sobre un bote de champú y la costumbre de cantar en la ducha.

Yo nunca tuve un diario pero sí tenía una libreta, de las grandes y de espiral, y un disquete donde metía todos los proyectos que al final nunca fueron.
Pero con la tontería de la ducha había algo diferente, la idea de hacer algo así me rondaba y definitivamente, ésta no era una de esas cosas que escribes porque necesitas sacártelo de dentro para poder seguir conviviendo con tu propia existencia, simplemente era algo que me parecía gracioso hasta el punto de que podía hacer reír a otra gente, pero dentro de esa otra gente no contaba a mis amigos, mi familia o cualquier otra persona conocida a cien kilómetros a la redonda. ¿Les habría hecho gracia a ellos?  Quiero pensar que por lo menos a un par sí, pero no era esa la cuestión, simplemente yo no quería que personas que me conocían vieran eso de mí.
Y aquí estoy, años, entradas y mucho silencio después de aquello y tanto aquél como este blog fueron perdiendo fuelle, pero sobre todo, que conforme las publicaciones se iban espaciando, más metaentradas aparecían. 
Explico esto: una vez tuve un profe de lengua maravilloso que nos leyó Continuidad de los parques de Cortázar, explicándonos que aquello era algo que podía llamarse metaliteratura, literatura dentro de la literatura. Yo le voy a robar la idea para bautizar a todas esos posts a lo largo de cinco años que dediqué a explicar por qué estaba escribiendo esa entrada, por qué no la había escrito antes o por qué era esa y no otras.
De esos cinco años el último ha sido en blanco, por lo menos aquí y de cara al público, el disquete de antes ha pasado a ser una carpeta de borradores que nunca llegaron a estar terminados. Y ahora me siento un poco como con aquel bote de champú, quiero volver a contarle cosas a alguien, aunque puede que por motivos distintos. 
Puede que ahora si que sea un caso de convivir con mi propia existencia. Vuelvo a explicar: 
Yo sé que una de las cosas que cambió el ritmo fue que pasé de publicar para alguien a publicar para alguien a quien conocía y cuya opinión me importaba. Los cien kilómetros a la redonda se habían extendido y lo hacían todo más difícil para mí. Como cuando un día no puedes posponerlo más y tienes que aceptar a tu madre en Facebook, puedes cambiar tu vida o dejar que la realidad siga su curso y correr el riesgo de no volver a probar la mejor tortilla de patata del mundo.
Pues yo he llegado a un punto en el que quiero que me importe un poco menos la tortilla de patata, y la manera que se me ha ocurrido de conseguirlo es que si quiero contar algo lo contaré, da igual quien lo vaya a oír, da igual lo que vaya a pensar, porque sea lo que sea seré yo, lo que a mí me apetecía en ese momento.
Lo demás ya lo habéis oído antes. Soy inconstante y puede que esto no pase de aquí, igual pasa y no lo escucha nadie, pero una entrada publicada supone que alguien puede leerla, y a partir de ahí ya se verá.

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Un día más tarde...

... y me hubiese venido perfecto.


(Para no romper mi racha el vídeo no se puede insertar)

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Burbujas, escalofríos y primaveras

Uno de los inconvenientes (por decirlo así) de vivir fuera de casa y compartir con trescientas personas una única televisión, es que corres el riesgo de aislarte del resto del mundo y entrar en una burbuja en la que no existe una reforma laboral, la familia real sigue estando suficientemente bien mantenida como para no tener que robar, Grecia sigue siendo el país del Partenón y las islas paradisiacamente mediterráneas y a las terribles olas de frío siberianas se les llama invierno. 
Vives cual ermitaño en esa burbuja, advirtiendo pequeñas cosas, como que empieza a hacer calor y llega la primavera, que los recortes en educación siguen adelante (pero igual es sólo aquí), y por medio de twitter, casi la única conexión con el mundo exterior ves algo de que ya han acabado los juicios de Camps (y no ha debido de pasar nada, por la indignación que se lee) y Garzón ( y ha debido de pasar algo gordo, por la indignación que se lee), pero no profundizas más allá de un ligero desprecio al sistema (político, o judicial, o quién sabe cuándo cayó la frontera entre ambos). 
Y así lees también algo de que han pegado a unos niños por quejarse de que no tienen calefacción, y te parece muy fuerte, a niños, pero lo dejas pasar como un hecho aislado que no quedará sin consecuencias para el/los agresores. Pero poco después, mientras hablas a distancia con alguien de fuera de esa impermeable burbuja tuya, oyes un telediario de fondo y comentarios sobre brutalidad y "hostias para todos", y te entra curiosidad por retomar esa conexión con el mundo, y buscas un telediario en streaming, procurando que no sea de una cadena parcial, y aún así, no consigues acostarte sin escalofríos, y no es porque tu calefacción no funcione desde hace tres semanas, porque al fin y al cabo, ya está llegando la primavera.



Cuando veo esos vídeos, no veo niños, puede que sea la cercanía, no digo que no, pero en todos esos chavales de 16-17 años yo veo personas que ya son capaces de decidir por ellos mismos, a los que no se les plantea un futuro bonito, y que son lo suficientemente maduros como para hablar y protestar con voz propia. He de reconocer que tampoco son las imágenes en las que se les pega a ellos las que más me impactan, quizá es la costumbre, porque la visión del mundo es así la mayoría de las veces, los jóvenes son los que arman escándalo, los que protestan, los que molestan, y como tales no suelen recibir recompensa, pero siguen luchando, porque al fin y al cabo son los que más se juegan en todo esto, pero pocas veces se les escucha, se les respeta, o se les tiene en cuenta, a ellos o a sus opiniones, porque ¿quiénes se han creído para opinar o protestar si sólo son niños?. Igual por eso me estremece mucho más ver como las porras van sin recato hacia ese señor de rojo que igual es padre, o igual incluso profesor, y también ha perdido el respeto que merece.
De esos vídeos me quedo con la frase "Sólo pedimos una escuela digna", porque quizá la educación  es lo que a la larga impide que estas cosas pasen, e incluye derechos y respeto a los demás. De todo lo demás, me quedo con la foto que subió @pilarodguez a twitter

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Escala térmica real


Y el próximo que se queje del tiempo sin tener en cuenta esta escala será susceptible de colleja. He dicho.

¡Feliz ola de frío siberiana!

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Condicional

Si veo otra serie no leo
Si leo no escribo
Si escribo no estudio
Si estudio no salgo
Si no salgo no te veo
Si te veo no rindo
Si rindo no me cunde
Si me cunde... Si me cunde es un milagro

Y que entre todos los dones que quiensea me ha dado no esté el de la organización...

Gastados

La gente empieza a mirarla, es la tercera vuelta que da a la plaza, despacio, pero aún así, el hombre apoyado en la columna, los señores mayores que pasean, la chica que espera a alguien en la cafetería.
Otra vuelta será demasiado, hay un Claire's en una esquina, por qué no entrar. Y una vez fuera otra vez, de nuevo a recorrer la plaza, pasando por el centro, dejando a un lado el inmenso monumento de piedra, sobre el que una paloma juguetona camina a su compás.
Una persiana comienza a subirse, y aparece el responsable entre cajas y cajas, y un paseante, o quizás un esperante como ella se acerca:
"¿Perdona, a qué hora abre?"
"A las cinco"
Y ni siquiera son las 4 y media.
Ha quedado a las 5 y media y andando hay unos tres cuartos... no, tendrá que coger el tram, pero sólo llega hasta el parque, tendría que hacer un trozo a pie. Suma: diez minutos andando y cinco de esperar a que llegue, otros diez de camino, mmm...
Entra en otra tienda, a ojear, a pasar el rato, y la dependienta debe olérselo, porque desaparece. Sale y se niega a pasar por delante del Claire's, bordea la manzana por la paralela, está en obras, cortada, no tiene más remedio que volver sobre sus pasos, y sigue, y hay otra tienda, entra y sale, "¿te ayudo en algo?" "No, sólo miraba". Y coge otra paralela más, y sube, ojea, camina sin rumbo, o con un rumbo fijo que no abrirá hasta las cinco.
Un carrillón anuncia menos cuarto, aún puede ir despacito, está a menos de dos minutos, llega a otra plaza, con música, con un teatro y un chelo a la entrada, y las bicis, mira la hora y siente un amago de remordimiento, no puede irse con las manos vacías, pero aún tiene que elegir, así que lo más seguro es que llegue tarde, otra vez.
Vuelve a la plaza del principio, la florista de enfrente ha abierto, algunas persianas han subido un palmo desde la última vez. Una mujer se acerca mirando la BlackBerry, para, acciona la llave, y antes de que pueda verse algo más que el brillante contrachapado la quita.
Aparece otra mujer, pelo corto y una peca en la mejilla, es ella, la que esperaba, quien en un mal intento de publicidad le dio un ultimátum, sólo un par de minutos más.
Las persianas empiezan a elevarse, dejando ver aquella maravilla hecha de libros viejos que sólo una feria puede tener, ¿y su esperada? baja la suya, quita la llave, y marcha calle abajo en busca de quién sabe qué.
Las cinco y cinco, algo habrá que hacer, si das un ultimátum no puedes
desaparecer. Va hacia su izquierda, no tiene tiempo, pero ahora aún le costará más elegir, la última de esas joyas que va a acompañarla, tiene que ser filosofía, pero qué. "Filosofía" o "filosofía política", empieza a leer autores en lomos gastados, nada, nada, igual pero, nada, y coge uno, ojea, tantea, y si luego... tiene que decidir ya.
"Me llevo este"
"Nietzsche, ¿pero por qué quieres torturarte así?"
Una carcajada juguetona se le escapa, casi un suspiro divertido.
"Nah, no te preocupes, te gustará"
"Eso espero"
"Sí, Nietzsche siempre sorprende"
Y ante la mirada de aquel señor de tímida barba blanca y gafas redondas se va de la plaza que tanto rato la ha visto esperar. Las cinco y diez, no va a llegar, o sí, vuelve al teatro, coge una bici, mierda, la rueda de delante no gira, otra, ésta va, un salto y a pedalear, semáforos, gente esquivada, pedalear, una calle de único sentido, la ancha avenida del parque, el tram que se escapa en sus narices, pedalear más fuerte, calles anchas, ciclistas en sentido contrario, y ya. Aparca, y veinticinco, nota el escarlata golpeando en sus mejillas pero lo ha hecho.
"Así es mi vida, siempre corriendo"

Esto es lo que queda de los 20 euros con los que tenía
que pasar la semana: cuatro compañeros de viaje, un triste
y solitario céntimo, y un pequeño reloj que servirá para recordar
el tiempo de estudio perdido por culpa de este feo vicio que es leer.

Remix

Muchas veces me acuerdo de cosas que me pasaban antes y me hacen gracia. Si os las contase todas de golpe me quedaría sin material para posibles futuros posts, así que hoy os contaré algunas de estas cosicas relacionadas con el mundo musical. Vamos allá...
Hasta que no empecé el instituto o así, mi criterio en lo que a música se refiere era que los 40 principales molaban (Sí amigos, hay que asumir los errores del pasado). No es de extrañar pues, que junto con las que por aquel entonces eran mis amigas pasara más de una tarde llamando al timbre en la casa de un tal David Ciruelas o algo así a pesar de las contestaciones cansinas de su madre a través del telefonillo.
Ésta es una de esas aventuras de juventud de las que te avergüenzas una vez pasados los años, pero mi tema principal (de hecho, es a lo que quería llegar, pero si no esto iba a quedar muy corto) es sobre un asombroso misterio que siempre ha tenido lugar a mis alrededores... vamos, que a pesar de que tengo una memoria de la leche, la jodía es fotográfica, o eidética, vete tú a saber, pero yo suelo recordar conceptos generales, o detalles concretos, eso sí, si me pones dos cosas que se parecen en más de un aspecto, pues todo empieza a liarse...
Esto, a pesar de que mi profesora nunca llegase a creerme, fue lo que me hizo suspender el último examen de lengua de la ESO (bueno, quizás lo de estudiar un tema en veinte minutos influyese también un poco), pero tener tres páginas con una organización exactamente igual, mismos colores y títulos bien parecidos (Poesía de los años 50, Novela de los años 50, Teatro de los años 50...) dio lugar a que en mi examen Gabriel Celaya y Blas de Otero perteneciesen al Boom Hispanoamericano, a la vez que El Aleph se estrenaba en los mejores teatros y Buero Vallejo era un crack de la poesía social...
Pero como he dicho que os iba a hablar de música, no os contaré eso, sino cómo yo de toda la vida he confundido cantantes, grupos o diversos artistas con nombres parecidos. Así, hasta que no descubrí que en youtube había mucha más música de la que yo había oído nunca, yo siempre había mezclado a Eric Clapton con Elton John, y a Elton John con John Lennon. ¿Por qué? Probablemente porque los tres eran de un mismo campo (la música) y mientras los dos primeros eran un nombre compuesto que empezaba por E, segundo y tercero compartían uno de esos nombres. Pero la cosa iba más allá, yo podía asegurar firmemente convencida que Pink Floyd eran el grupo de ese tipo que cantaba las canciones de Disney, que Bob Dylan era la misma persona que Bob Marley (y por supuesto que Bobby McFerrin), y sin duda alguna, la Durcal y la Jurado eran una sola (a éstas a un no las diferencio).
Ah, y por alguna otra extraña asociación (ésta todavía no he llegado a encontrarla), para mí 'Marta tiene un marcapasos' siempre ha sido de los Red Hot Chilli Peppers.

Clavadísimos, lo sé


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